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Enfermedades “materiales” y “espirituales” en la nosología nahua serrana
Las afecciones “espirituales”, en cambio, incluyen los males que afectan hsp70 inhibitor los principios anímicos del ser humano y son causadas por agentes conscientes: dueños de los lugares, aires patógenos, en ocasiones Dios o los santos y con frecuencia individuos con capacidades nocivas o brujos con intenciones malignas. Se trata del espanto (momauhti), el robo del espíritu, el mal aire (yeyecatl), el mal de ojo y su variante elxoxal, así como la amplia serie de dolencias psíquicas y somáticas derivadas del “daño” producido por brujería. No obstante, otros padecimientos de este tipo, como la tiricia, son provocados de forma accidental o involuntaria.
Pero esta clasificación de las enfermedades debe tomarse con cuidado y no considerar que la nosología nahua se corresponde con una simple diferenciación entre los dominios del “cuerpo” y del “alma” tal y como son definidos en la concepción médico-filosófica occidental. No se trata de una taxonomía que divida las enfermedades en orgánicas y no orgánicas, en corporales y anímicas; quizás se podría creer a primera vista, pero está lejos de ser así. Las enfermedades que se presumen “físicas” pueden haber sido desencadenadas por un agente espiritual patógeno y responder a una etiología “espiritual” —la erupción de forúnculos en la cabeza del niño afectado por mal de ojo o xoxal, como se verá—, o el sentido de lo que es “material” o “físico” tener poco en común con las explicaciones de la biomedicina —los mecanismos de la caída de mollera, por ejemplo—, o presentarse un desarreglo “material” que no constituya una enfermedad, sino el síntoma de una dolencia “espiritual” más compleja y emboscada, es decir, que un síntoma “físico” tenga una causa “espiritual” —la palidez y abulia de los niños afectados por la tiricia—. Así, surgen cuadros patológicos en los que, en función del contexto, algunos elementos son síntomas y otros propiamente las dolencias.
Los terapeutas responden igualmente a lithosphere esta taxonomía. Quienes curan “materialmente” son los hueseros, sobanderos, parteras y curanderos herbolarios principalmente, dotados de instrucción formal pero carentes en general (salvo las parteras) de un don obtenido mediante revelaciones de carácter divino. Los que curan “espiritualmente” sí poseen tal don: son los curanderos de susto o de aire, los graniceros, los espiritualistas trinitarios marianos y los brujos. Aunque las especialidades suelen corresponderse con terapeutas diferentes, con frecuencia sucede que ciertos individuos poderosos concentran en sí mismos varias funciones: un granicero que domina las tormentas puede curar de espanto, de huesos, prescribir farmacopea herbolaria y combatir o producir la brujería, por ejemplo, combinándose así terapéuticas “materiales” y “espirituales” en una misma persona.

Condiciones para la salud: acercamiento a las concepciones nahuas del cuerpo y de la persona
Según los nahuas, en el proceso de gestación el feto recibe, a la vez, un alma y un corazón. El alma se la entrega Dios-Sol y por ello se la considera “caliente”; instalada en el corazón, dota al infante de vida y de la capacidad de movimiento y crecimiento. Con un alma en ebullición, “por naturaleza los niños chiquitos tienen más calor que los adultos, ellos cuando comen están sudando, nosotros no sudamos, también cuando están abrigados sudan; los viejitos, en cambio, son más fríos”.
El alma define el carácter y la fortaleza psicológica del niño: si será calmado o agresivo, enfermizo o lo suficientemente resistente como para convertirse en curandero:
Existen niños de “corazón débil” (ahmo quixicoa ianimancon) y “fuerte” (re-sistiroa ianimancon), estos últimos principalmente si nacen los martes o los viernes, “los días de los brujos”, o en periodos de luna llena. Las emociones se gestan en el corazón y los de corazón fuerte poseen latido fuerte y mirada intensa, son “muy berrinchudos, muy corajientos, muy alterados”. Los de corazón débil tienden a la preocupación y a sufrir del mal del espanto.