En el centro de la explicaci n

En el centro de la explicación del viraje neoliberal se encuentra la evolución de la tasa de ganancia. La tasa de ganancia de los cuatro principales países capitalistas (Estados Unidos, Alemania, Francia y Reino Unido) comienza a descender escalonadamente desde 1967 en Estados Unidos y después en el conjunto de los grandes países capitalistas con las recesiones generalizadas de 1974–1975 y 1980–1982. En ese momento interviene el “gran viraje” que conduce al capitalismo neoliberal. Se trata de un nuevo periodo marcado por el restablecimiento de la tasa de ganancia a pesar de las fuertes fluctuaciones correspondientes a las recesiones en particular la de 1991–1993 y la de 2000–2002. Para comprender la evolución de la tasa de ganancia es necesario referirse a la evolución de la productividad del trabajo ya que es el elemento esencial de la dinámica del 2 capitalismo. Se constata que la productividad del trabajo tiende a bajar durante el periodo fordista de los “treinta gloriosos” siguiendo una trayectoria parecida a la de la tasa de ganancia. Dicha correlación proviene de un rasgo esencial del capitalismo: la productividad del trabajo es la reverse transcriptase sobre la que puede construirse una dinámica positiva de la tasa de ganancia. El agotamiento de las ganancias de productividad es una de las principales causas de que el capitalismo fordista entrara en crisis. También se constata que la tasa de ganancia se restablece durante el periodo neoliberal, a pesar de que las mejoras de productividad permanecen a un nivel relativamente bajo con respecto al periodo fordista. Esto es así porqué el capitalismo encontró otras fuentes de apoyo a la ganancia diferentes a las mejoras excepcionales de productividad de la denominada “edad de oro”: la baja de la parte de los salarios y luego entonces el aumento de la parte de las ganancias en el valor agregado constatada a partir de mediados de los años ochenta. Sin embargo, esta manera de restablecer la tasa de ganancia plantea inmediatamente un problema de realización. ¿Quién va a comprar las mercancías si la demanda de los asalariados aumenta menos que la producción? Desde la perspectiva marxista, esta problemática no tiene nada de Keynesiana. Se trata simplemente de la restricción de realización que forma parte de las contradicciones esenciales del capitalismo. El capitalismo neoliberal hizo frente a esta contradicción de una manera diferente al capitalismo fordista. El consumo aumento más rápidamente que los salarios gracias al consumo de los ricos y sobre todo al sobreendeudamiento de las familias. Dicha deuda forma parte de la masa considerable de deudas sobre la cual el capitalismo neoliberal se desarrolló hasta la crisis de los subprimes que no se trató de una simple crisis financiera sino de una crisis de conjunto del modelo neoliberal que fue incapaz de extraer suficiente plusvalía para satisfacer al capital financiero.
El neoliberalismo construido sobre sus tres pilares -financiarización, desreglamentación y mundialización— resultó muy frágil como lo demostró la crisis de los subprime en 2008. Reaccionando para evitar el desplome como consecuencia de dicha crisis, los gobiernos se pusieron en dificultad. Tras los planes de salvamento adoptados durante la primera fase de la crisis de los subprime, entre 2007 y 2009, las deudas públicas de Estados Unidos, de Inglaterra y de los países de la zona euro aumentaron de 20 a allergens 40 puntos del y sus déficit corrientes alcanzaron niveles elevados. Solo la perspectiva inminente del desplome de los sistemas financieros justificó el desembolso extraordinario de fondos públicos. No obstante, las ayudas que terminaron por llegar a las familias amenazadas de embargo, cuyos problemas estuvieron en el centro de la crisis de subprime, fueron raras. Los bancos, las compañías de seguros y de préstamos hipotecarios recibieron el grueso de los recursos de los planes salvamento sin que los gobiernos hayan obligado a los grupos financieros rescatados, a seguir políticas de préstamo que beneficien a la economía en su conjunto. De una manera sorprendente, Wall Street y la City salieron globalmente indemnes de las tentativas de los legisladores para controlarlos. Bancos demasiado importantes para no ser salvados, bonos extravagantes, incitaciones perversas, capitalizaciones muy débiles, reglas de contabilidad obscuras, elementos fuera de balance, fondos comunes de crédito: nada de esto ha cambiado. Así es que la expresión que califica mejor la notable resistencia de las prácticas corrientes del sector financiero entre 2008 y 2011 es “plus ça change, plus c’est la même chose” (más esto cambia, más esto permanece igual). Los bancos una vez salvados han rehusado ofrecer nuevos préstamos normales a las pequeñas y medianas empresas por lo que se ha perpetuado el estrechamiento del crédito. El Tesoro y la Reserva Federal ciertamente se conmovieron con este estado de cosas pero no hicieron nada para reorientarlos. Se esperaba de Obama, presidente demócrata que llega al poder con una oportunidad histórica en oro tras la quiebra de Lehman Brothers, que reglamentara la finanza como lo hizo Roosevelt en los años treinta. Desgraciadamente, la ley de regulación financiera no estuvo a la medida de las circunstancias permitiendo que el lobby de la denominada industria financiera continué actuando. La finanza desreglamentada aunque haya llevado al mundo al borde del caos sigue operando sin que exista ni en Estado Unidos ni en Europa una auténtica voluntad política para que la situación se modifique. Y lo que es peor habiendo recuperado sus fuerzas los financieros intentan reforzar el sistema financiero paralelo (la denominada “finanza fantasma”) mucho menos controlado y afectado por menos normas que la actividad de la banca tradicional. No hay que olvidar que con el ascenso del neoliberalismo no solo se operó una ruptura entre la economía real y la economía financiera, sino que esta última se dividió en dos. Los bancos crearon un mundo financiero al margen de sus propias normas y sistemas de control hacia el cual se precipitaron los fondos especulativos.