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    2019-06-14

    Esta propuesta estética y argumental busca menos que despertar el asco de las formas y valores de la clase media porteña, ilustrar el modo en que la sexualidad puede darse en las zonas más profundas del conurbado bonaerense. Y tal es así, que esas localidades son nombradas por los mismos personajes: Espeleta, por ejemplo. De este modo, la propuesta de la película no es la de juzgar desde una mirada gay o cool de la clase media, sino dar cuenta que la obscenidad y el mal gusto sólo son tales si son leídos desde una mirada pequeño-burguesa o que ha asimilado como propia la estética norteamericana o de la Europa noroccidental. No hay crítica desde la enunciación de la cinta, ni para con los personajes ni para con la estética en la que viven y representan. Modarelli sugiere que es precisamente en la falta de refinamiento que descansa explícitamente la honestidad radical del filme. Interesante es también el contraste que se produce entre las disidencias sexuales propias de estas latitudes y la gaycidad cool que es introducida desde un personaje europeo, rubio, de ojos azules y con un peinado y apariencia diametralmente opuesta order Chloroquine la de los personajes de Espeleta y alrededores. Roberto exige a Raúl (la elección de estos nombres también muestra que la moda no es una variable considerada en esta construcción narrativa) que le permita penetrarlo. Raúl, macho argentino, acepta penetrar a un homosexual pero preserva su zona anal dado que afirma no estar preparado para dar ese paso. Frente a esta conflictiva que plantea la película, Roberto decide entrar, desde un locutorio de computadoras viejas, a un portal de “chat gay”, siendo esta la primera aparición del significante gay en todo el relato. Allí se contacta con Ezequiel, joven español que está de visita en Buenos Aires. Rápidamente se encuentran en un hotel de estética ultra kitsch cerca de la estación de trenes, donde mantienen apasionadas relaciones sexuales usando sus cuerpos sin restricciones de roles ni posiciones. La cámara es más prolija durante este encuentro y no escatima en mostrar el cuerpo musculoso y bronceado del europeo que sin dudas, junto a su acento español característico, contrasta con la rudeza del conurbado local. El encuentro sexual es menos bestial que el que se da entre Roberto y Raúl. Aquí no hay quejas ni dolor. En un montaje paralelo, el relato deja ver que para efectivizar este encuentro, Roberto tuvo que faltar a un compromiso con su madre y hermana. Ambas lo aguardan junto a una olla con fideos lista para servir. Las dos estéticas se cruzan en ese montaje: la fealdad y obscenidad de madre e hija se contraponen a los cuerpos entrelazados y bien iluminados de Roberto y Ezequiel, facilitados por el ingreso del estereotipo europeo. El barrio Chueca de Madrid versus el conurbado profundo, esta misma tensión es la que la película propone como conflictiva: la identidad homosexual donde un macho penetra a un marica en contraposición al igualitarismo gay cool de cuerpos deseables, rubios y esbeltos.
    Para finalizar debemos considerar que el uso de la Queer theory para abordar las sexualidades disidentes en el ámbito local merece ser problematizado. Al margen de los asuntos de los que se ocupa, aquello que de una u otra forma se posiciona más allá de “lo esperable”, “la normalidad”, “lo socialmente permitido”, creemos importante señalar lo problemático que resulta la apropiación de este concepto y esta teoría surgida en un contexto geopolítico específico como es el de Estados Unidos. “Latinoamericanizar” o “argentinizar” lo queer sin tener en cuenta paradigmas propios resulta cuestionable no sólo para quienes vivimos en el sur. También desde el norte se ha criticado el modo en el que desde Latinoamérica se adoptan términos anglosajones sin problematización mediante. Brad Epps, académico de la Universidad de Harvard, critica la circulación del término queer en contextos de habla hispana puesto que su fuerza lingüística es solamente constatable en el marco anglófono donde aquel significante tuvo una historia específica. Allí, queer, remite a una significación injuriosa y homofóbica que posteriormente fue reapropiada y subvertida como modo de afirmación política. Epps apunta que la potencia disidente de llamar a una teoría, queer, reside en la no necesidad de explicar con una nota al pie lo que significa ese término. Algo que debe hacerse en las producciones hispanoparlantes, algo que estamos llevando a cabo en este mismo instante. Frente a esto, la globalización acrítica de la Queer theory supone un problema. Para Epps, implica directamente un daño a la misma teoría.