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En México se presenta un doble perfil de malnutrición: por un lado, la anemia que afecta 2b3a inhibitors los niños; y por otro, la obesidad tanto en niños como en adultos. Desde 1989 en la Encuesta Nacional de Alimentación en el Medio Rural (enal) se comienza a señalar la transición epidemiológica mexicana; esto significa que simultáneamente se presentan problemas de salud asociados a países en estadios de subdesarrollo, como es el caso de las carencias alimenticias, y problemas de países en estadio de desarrollo industrial, como la abundancia alimenticia (Bermejo 1989; Bourges 2001). Esta transición ha sido corroborada con el análisis de los datos más recientes de las Encuestas de Nutrición y Salud en México que se realizaron a nivel nacional, local, urbano y rural.
La transición epidemiológica y nutricional, que era ya evidente, se expresa en forma particular con una tendencia creciente y un ritmo acelerado en la prevalencia de obesidad asociada a enfermedades crónicas del tipo diabetes mellitus, hipertensión y enfermedades cardiovasculares (; ; ; ). La magnitud del problema es tal, que en el año 2000 el Instituto Nacional de Salud Pública reportó un aumento de 60 % de las enfermedades crónicas no trasmisibles entre los años 1980 y 2000 (insp 2000) entre las cuales están las que se derivan de los problemas de obesidad.
En las conclusiones de la Encuesta Nacional de Nutrición 1999, Rivera y Sepúlveda (2003) señalan que el sobrepeso y la obesidad en México son un problema de epidemia nacional, ya que la prevalencia del sobrepeso se incrementó en aproximadamente 50 %, mientras que la prevalencia de la obesidad se triplicó. De igual forma, en la encuesta se señala que, si bien el sobrepeso y la obesidad son una epidemia nacional en adultos, en los niños entre cinco y once años ya es tema de preocupación, puesto que se presenta una alta prevalencia de obesidad en estos grupos etarios; más aún, ambos problemas combinados afectan aproximadamente 27.2 % de los niños entre los cinco y los once años de edad; en otras palabras, uno de cada cinco niños en este grupo presenta sobrepeso u obesidad. De manera concreta, se observa que a cytokinins medida que los niños van avanzando en edad también aumenta la prevalencia de sobrepeso u obesidad ().
Este patrón se presenta de manera similar al segregar el problema del sobrepeso y la obesidad por áreas. Se encontró que la prevalencia de ambos problemas tiende a incrementar más en las áreas urbanas que en las rurales y a medida que aumenta la edad de los niños. También es necesario tomar en consideración que en la encuesta anteriormente mencionada (Rivera y Sepúlveda 2003), la prevalencia del sobrepeso y la obesidad en la población en edad escolar fue de 26.6 % en la ciudad de México, dato que no difiere mucho del que corresponde al medio urbano nacional que se ubicó en 22.9 %. Está claro, entonces, que los datos guardan relación con el planteamiento que afirma que en el medio urbano se presenta una malnutrición creciente por exceso y desequilibrio en la alimentación y que afecta a la población infantil; es decir, es una consecuencia de la alimentación que se caracteriza por una sobrealimentación nociva para la salud (Zúñiga 2005).
En el 2005, Ortiz y colaboradores () señalaron que la desigualdad de ingresos, la transición alimentaria y el desequilibrio en el consumo de nutrientes y alimentos son los rasgos fundamentales del actual patrón alimentario de México. De manera general, la dieta mexicana puede catalogarse en tres tipos: la dieta indígena, propia de grupos étnicos y más afín con grupos de clase obrera; la dieta mestiza, propia de estratos económicos medios; y la dieta variada. En el trasfondo de esta clasificación se intuye el supuesto de la transformación alimentaria que pasó de una dieta tradicional mexicana a una dieta de tipo industrializado; esta última se adoptó en todo el país, pero en mayor medida en los centros urbanos y entre grupos de estratos de clase media y alta. Lo anterior se confirma en un estudio sobre nutrición de niños del centro de México en el cual González (2003) afirma que la dieta de los niños es elevada en azúcares refinados y refrescos y baja en el consumo de fibra.